
Pensé que era broma, pero te vi marchar. Aún así, pensé que retrocerías, que volverías con una sonrisa en la cara, pero mi hilo de esperanza cedió más, hasta caer, hasta yacer en el asfalto. Entonces me volví loca, una fuerza poseía mi cuerpo y mis pasos echaron a andar. Caminaban solos por las calles mojadas.
Mis pies se humedecían, mi piel se arrugaba. Cuando parece que sonrío, lloro.
La lluvia mojaba mi pelo. Las gotas acariciaban mi rostro, pero lo sentía como arañazos.
Y me veo entre el gentío. Sola. Con mi mano sosteniendo el vaso que desee estampar contra el suelo. Me lo enciendo. Un cigarrillo entre mis dedos. La llama calienta mi piel. Y en mi cabeza ideas que escribir. La mirada se me perdía entre las botellas de aquel bar, entre el humo del resto.
La hora. La miraba y los minutos parecían no pasar.
El aniversario de la muerte volaba por mi imaginación. Vuelvo a refugiar el vaso entre mis manos y con un leve movimiento lo acerco a mis labios. Su sabor era amargo. El cigarro se consumía más rápido que el tiempo y, a la vez, la idea de encenderme otro, de tener el entretenimiento de sostenerlo entre mis dedos. Qué larga es la noche.
Mis ganas de hacerte el amor se vieron frustradas.
No tuve más opción que ahogarlas en aquel vaso. Al fin me decido y me voy de aquel lugar, con una sonrisa inventada.
Mis pasos mojados arrastraban el peso de mi cuerpo. Vagabunda de la noche, de la soledad. Escondiéndome entre la tierra mojada, en la oscuridad del día que fue.
Mis pies se humedecían, mi piel se arrugaba. Cuando parece que sonrío, lloro.
La lluvia mojaba mi pelo. Las gotas acariciaban mi rostro, pero lo sentía como arañazos.
Y me veo entre el gentío. Sola. Con mi mano sosteniendo el vaso que desee estampar contra el suelo. Me lo enciendo. Un cigarrillo entre mis dedos. La llama calienta mi piel. Y en mi cabeza ideas que escribir. La mirada se me perdía entre las botellas de aquel bar, entre el humo del resto.
La hora. La miraba y los minutos parecían no pasar.
El aniversario de la muerte volaba por mi imaginación. Vuelvo a refugiar el vaso entre mis manos y con un leve movimiento lo acerco a mis labios. Su sabor era amargo. El cigarro se consumía más rápido que el tiempo y, a la vez, la idea de encenderme otro, de tener el entretenimiento de sostenerlo entre mis dedos. Qué larga es la noche.
Mis ganas de hacerte el amor se vieron frustradas.
No tuve más opción que ahogarlas en aquel vaso. Al fin me decido y me voy de aquel lugar, con una sonrisa inventada.
Mis pasos mojados arrastraban el peso de mi cuerpo. Vagabunda de la noche, de la soledad. Escondiéndome entre la tierra mojada, en la oscuridad del día que fue.
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